La efectividad está más allá del presente

2

La efectividad está más allá del presenteResulta interesante detenernos a reflexionar cómo pensamos cuando lo hacemos sobre el futuro.. Recuerdo con gran nitidez la primera vez que tuve la oportunidad de hablar en público para un gran número de personas. Tomé la decisión de inmediato sin apenas dudarlo. ¿Por qué no hacerlo? En aquel momento, meses antes, todo me pareció fantástico. «Tendré la oportunidad de compartir ideas, aprender acerca de mis capacidades, conocer gente, etc, toda una experiencia», me decía a mí mismo. Conforme se iban acercando las semanas ya no lo veía de igual forma. Las preguntas que me hice en meses anteriores pasaron a ser del tipo, ¿es necesario que lo haga? ¿qué necesidad tengo de hacerlo?, etc. Cuando el futuro comenzó a tornarse en presente, aparecieron las dudas y el deseo de cancelar mi compromiso. Gracias a la sabias preguntas de mi maestro y amigo José Miguel Bolívar, el futuro se hizo realidad.

Según proponen los psicólogos Yaakov Trope y Nira Liberman, cuando imaginamos el futuro o bien pensamos en el pasado, nuestra mente se mueve en una sóla dimensión que ellos denominan «distancia psicológica». Esta distancia puede ser temporal (ahora frente al pasado o ahora frente al futuro), espacial (cerca o lejos), social (yo frente a un grupo determinado), o también respecto a la certeza (lo demostrado frente a lo hipotético). Cuanto mayor resulta la distancia psicológica, más abstracta se torna la información, procesándose a un mayor nivel mental. En el caso de mi decisión respecto a si participar o no en el evento, al tener tiempo por delante, pensé en ello de forma abstracta. Conforme se iban acercando los meses, la distancia psicológica se iba acortando, por lo que todo se veía de forma más vívida, pasando a procesar la información de forma emocionalmente caliente, dando origen a las dudas. Este cambio de niveles de procesamiento, es decir, de lo abstracto a lo concreto, afectado por la distancia psicológica, es lo que explica que las personas lamentemos ciertas decisiones relacionadas con acontecimientos o compromisos futuros. El lado positivo de todo esto es que el propio sistema inmunitario psicológico nos permite mirar atrás, reflexionar sobre lo acontecido para llevarnos a la conclusión de que ha valido la pena.

Como explicaba en este post, el ser humano emplea dos sistema de pensamiento, el caliente y el frío. El sistema caliente está vinculado a nuestro ámbito emocional y el sistema frío a nuestro ámbito racional. Según Walter Mischel, el fenómeno de la distancia psicológica explica cómo resulta mucho más sencillo resistirnos a las tentaciones si pensamos en ellas de forma fría o abstracta, o como si estuvieran muy lejos en el tiempo o en el espacio. Cuando pensamos en abstracto, activamos nuestro sistema frío atenuando el sistema caliente. Esta circunstancia tiene un gran impacto en nuestra efectividad personal.

Las personas pueden emplear sencillas estrategias cognitiva para regular sus deseos cambiando su perspectiva temporal del «ahora» al «después». Walter Mischel

Como afirma José Miguel Bolívar en este brillante post, tanto GTD® como OPTIMA3® desarrollan mecanismos para desarrollar distintos hábitos encaminados a enfriar el pensamiento. Uno de ellos es el de capturar o recopilar. Lo que hace la mayoría de las personas es, tal y como llega algo, comenzar a pensar sobre ello, es decir, a concretar, a definir. Este hecho es lo que les lleva de forma inevitable a activar el sistema caliente, ya que lo que hacen es acortar la distancia psicológica. Capturar implica sacar las cosas de la cabeza sin juicios previos.

Lo que nos permitirá desarrollar el hábito de capturar es hacerlo de forma abstracta, con lo cual nos ayudará a enfriar el pensamiento, al aumentar la distancia psicológica. En OPTIMA3®, el registro o captura se hace de forma abstracta, con objeto de activar el pensamiento frío. Para ello, recomendamos no usar verbos, ya que ello invita a concretar en esta fase, corriendo el peligro de activar el sistema caliente, lo que generaría una brecha inmediata en tu atención.

Lo mismo ocurre cuando decidimos aplazar la toma de ciertas decisiones, es decir, cuando incubamos. La típica expresión «poner tiempo de por medio» implica sencillamente aumentar la distancia psicológica, consiguiendo enfriar de nuevo el pensamiento en una segunda fase al incubar.

Ahora bien, ¿habría alguna circunstancia en la que nos podría interesar, en lugar de aumentar, acortar la distancia psicológica? La respuesta es afirmativa. Cuando iniciamos un proceso de visualización para a partir del cual poder generar ideas, lo que hacemos sencillamente, es acortar la distancia psicológica, es decir, imaginarnos el futuro en el presente. Esto permite activar el interruptor que nos da acceso a nuestra conciencia mediante la puesta en marcha del sistema de activación reticular. Lo que hacemos es pasar de lo abstracto a lo concreto, de lo que deseamos a ponernos en marcha.

Conocer el funcionamiento de nuestra mente resulta útil para poder poner en marcha estrategias que nos permitan obtener resultados. En este sentido aprender cómo funciona la distancia psicológica resulta de gran valor, ya que nos permitirá gestionar adecuadamente nuestros sistemas de pensamiento para centrarnos en el largo plazo, porque la efectividad está más allá del presente.